GRANDES COMBATES Y BATALLAS DEL PERU - PERU.COM GRANDES COMBATES Y BATALLAS DEL PERU - PERU.COM

Combate de AngamosBatalla de ConcepciónBatalla de AricaOtros Links

espa.gif (49 bytes)

Batalla de Concepción - Antecedentes

La primera fase de la guerra entre el Perú y Chile, es decir la campaña del sur, había concluido con el triunfo de este último país en la batallas del Alto de la Alianza y Arica, y por ende, con la ocupación de las provincias de Tacna y Tarapacá (mayo-junio de 1880). Ello permitió al gobierno chileno emprender los preparativos para la siguiente fase, es decir, la ocupación de la capital del Perú, con objeto de forzar el término de la guerra mediante una capitulación que contemplara la cesión de las provincias sureñas ocupadas. Entre el 8 de noviembre y el 1 de diciembre de 1880 Chile desembarcó en Pisco, al sur de Lima, la primera división del ejército chileno al mando del general José Antonio Villagrán. Posteriormente, saltaron a tierra más tropas chilenas conformando  un cuerpo expedicionario de alrededor de  26,000 hombres. Este poderoso ejército desde Lurín, el 12 de enero de 1881, emprendió la marcha sobre la capital peruana. El ejército de línea del Perú ya no existía y los restos del Primer Ejército del Sur fueron refundidos con unidades de voluntarios provenientes de diversos puntos del país. Así, los peruanos congregaron un contingente de 16,000 hombres para defender su capital. El 13 y  el 15 de enero de 1881 se llevaron a cabo las cruentas batallas de San Juan y Miraflores, respectivamente. Debido a la deficiente estrategia adoptada y no obstante la épica resistencia, particularmente aquella concentrada en el morro Solar, las extensas defensas colapsaron, lo que permitió al ejército chileno comandado por el general Manuel Baquedano, el vencedor de Arica, ocupar Lima.

La capitulación de la capital sin embargo no puso fin a la guerra, pues si bien los remanentes del ejército peruano fueron destruidos, aún quedaban oficiales dispuestos a continuar la lucha. Pronto las circunstancias cambiarían el panorama del conflicto y los peruanos, de combatir contra un ejército expedicionario, pasarían a luchar contra una fuerza de ocupación; las tácticas convencionales darían paso a la guerra de guerrillas, y el escenario bélico pasaría de las áridas costas del Pacífico a los fríos e inhóspitos Andes.

Gestor de la resistencia fue el entonces coronel Andrés Avelino Cáceres, vencedor de la batalla de Tarapacá, veterano de toda la campaña del sur y uno de los oficiales que más destacada actuación cumpliera en la defensa de la capital(1).Tras reponerse de las heridas sufridas en Miraflores, tiempo durante el cual permaneció oculto en algún lugar de Lima, en abril de 1881 el coronel Cáceres se desplazó a Jauja, ciudad de la sierra central peruana, desde donde dedicó sus esfuerzos a levantar un nuevo ejército con el objeto de expulsar del país al invasor. La primera columna de la flamante fuerza militar fue formada por gendarmes de la localidad de Tarma convalecientes en el hospital local. El paciente trabajo de Cáceres fue dando sus frutos, asistido por oficiales del diezmado ejército y otros patriotas dispuestos a continuar la lucha aún en las circunstancias más adversas.

La primera maniobra estratégica concebida por Cáceres durante lo que se denominaría Campaña de la Breña, en la fase que ocuparía el período comprendido entre mediados de 1881 y mediados de 1883, fue emprender una "guerra en pequeño" o de guerrillas, lo cual le proporcionaría el tiempo necesario para formar y adiestrar sus primeras tropas. Una vez que estas hubieran adquirido volumen y consistencia, Cáceres adoptaría formalmente un esquema defensivo, dentro del marco de una "estrategia de desgaste", hasta alcanzar la fuerza indispensable para pasar en la oportunidad propicia a una vigorosa contraofensiva.

La idea pues era atraer al adversario, hasta entonces focalizado en la costa, a la sierra central, mediante acciones de fuerzas irregulares con objeto de desgastarlo y desorganizarlo, mediante una defensa móvil y activa. Dentro de este contexto, Cáceres había planificado combinar la resistencia con el contraataque. Producto de esta táctica serían las continuas incursiones de las fuerzas peruanas en las localidades de Matucana, La Oroya, Tarma, Jauja, Chicla, San Mateo y otros.

En pocos meses, Cáceres, ya promovido a general y jefe superior político-militar de la zona central del país por el Director Supremo del Perú, Nicolás de Piérola, había armado una fuerza respetable y disciplinada (2). Para fines de 1881 ya contaba con 3,000 hombres, ocho piezas de artillería y un regimiento de caballería, con los que asediaba a los chilenos desde Chosica, 50 kilómetros al este de Lima. Asimismo, el general Cáceres logró el invalorable concurso de los campesinos de diversas comunidades de los Andes a quienes incorporó como guerrilleros bajo órdenes de hostigar al enemigo y brindar el apoyo necesario para las operaciones del ejército regular(3).

El alto mando militar chileno, que ya había consolidado la ocupación de las principales ciudades del Perú -con excepción de Arequipa-, previó que la presencia de esta fuerza hostil dificultaría la posibilidad de alcanzar una paz rápida con el nuevo gobierno provisorio liderado por el abogado Francisco García Calderón(4). Por ello, el jefe-político militar de las fuerzas de ocupación, contralmirante Patricio Lynch, concluyó que mientras el ejército de Cáceres no fuera destruido, el conflicto se prolongaría indefinidamente. En mayo de 1881 decidió enviar una expedición punitiva rumbo a Junín y Cerro de Pasco al mando del coronel Ambrosio Letelier con órdenes de destruir todo conato de resistencia por parte de los peruanos. La expedición sin embargo resultó no sólo un fracaso, sino que originó un escándalo por actos de corrupción y abuso de autoridad atribuidos a Leteleir. Para proteger su retirada desde Cerro de Pasco, Letelier ordenó a un batallón del regimiento Buin desplazarse desde Casapalca hasta el caserío de Cuevas. Parte de dicha fuerza se dirigió después hacia la hacienda de Sangrar, donde fueron atacados por un batallón peruano, que causó al adversario muchas bajas y la pérdida de cincuenta rifles.

Lynch suspendió el envío de este tipo de expediciones y alarmado por la situación dispuso la creación de la división del centro, fuerte de unos 3,000 hombres al mando de oficiales capaces y determinados a cumplir con la misión de conquistar la Sierra Central (5). El primero de enero de 1882, aquel ejército, dividido en dos columnas y al mando del coronel Gana, inició su avance hacia el interior del Perú.

El primero de febrero de 1882 el coronel chileno Gana debió retornar a Lima y dejó al mando de la división del centro al coronel Estanislao del Canto, comandante del regimiento Segundo de Línea (6). El 5 de febrero los soldados chilenos bajo del Canto sostuvieron un combate con las tropas de Cáceres en Pucará. Las tropas chilenas, dando muestras de desorganización, y luego de sufrir muchas bajas, terminaron replegándose hacia Zapallanga, dejando abandonados gran cantidad de armamento y munición. Luego de aquel encuentro Cáceres marchó hacia la ciudad de Ayacucho, donde una terrible tempestad en los desfiladeros ubicados entre Acobamba y Julcamarca ocasionó que 412 de sus hombres rodaran por el abismo y se perdieran casi todas las bestias de carga. Al llegar a Ayacucho a fines de febrero, el indomable oficial contaba apenas con 500 soldados. Asimiló sin embargo a la guarnición que protegía dicho departamento y en los siguientes tres meses procedió con gran energía a reorganizar a su ejército, conformando cuatro batallones de 250 hombres cada uno -entre ellos el legendario Zepita- 150 artilleros y 50 hombres de caballería. Con esa fuerza, a fines de junio de 1882, Cáceres emprendió la segunda fase de la campaña, cuyo objetivo buscaba expulsar o de ser posible destruir a la división del centro que había penetrado en el valle del Mantaro.

Uno de los regimientos chilenos que integraban dicha división era el Chacabuco, Sexto de Línea, dirigido por el capitán Ignacio Carrera Pinto. El Chacabuco estaba integrado por seis compañías y había tenido una participación decisiva en las batallas de San Juan y Miraflores, particularmente en la difícil toma del morro Solar. Hasta cierto punto, el Chacabuco podía considerarse un regimiento de elite. El inicio de la campaña terrestre, desde Pisagua, había sido llevada a cabo por soldados voluntarios pertenecientes a la clase proletaria obrera chilena, conducidos por oficiales profesionales, en buen porcentaje miembros de la burguesía. Sin embargo, no se observaban muchos voluntarios provenientes de las clases acomodadas, situación que motivaba cierto malestar en un sector del pueblo que consideraba estar cargando sobre sus espaldas el mayor peso del conflicto. Esta situación impulsó a varios jóvenes patriotas miembros de las clases medias y altas a enrolarse en el ejército con objeto de mostrar con el ejemplo que la guerra era para todos los chilenos. El caso más notorio fue el de Ignacio Carrera Pinto, sobrino del ex presidente de aquel país, Aníbal Pinto.

Ignacio Carrera nació en 1848 y era descendiente directo del prócer de la independencia chilena José Miguel Carrera. Pocos meses después de declarada la guerra con el Perú, cuando contaba con 31 años de edad, se enroló voluntariamente en el ejército y recibió el grado de sargento del Regimiento Cívico Movilizado No 7 de Infantería Esmeralda, conocido como el Séptimo de Línea. A fines de setiembre de 1879 desembarcó con su regimiento en el territorio ocupado de Antofagasta, de donde pasó a Carmen Alto. Luego de la captura del puerto peruano de Pisagua se trasladó al teatro de operaciones de Tarapacá e integró la fuerza que ocupó el puerto de Iquique. Cuando se inició la campaña de Tacna, su regimiento pasó a integrar la primera división del ejército expedicionario. El sargento Carrera tuvo una destacada actuación en la batalla del Alto de la Alianza, donde no obstante ser herido en combate, condujo a sus hombres con gran coraje, hecho que le valió ser ascendido a Subteniente. Concluida la campaña del sur, el flamante oficial fue destacado al regimiento Chacabuco, Sexto de Línea, con el cual luchó valientemente en las batallas de San Juan y Miraflores. En una de aquellas, participó en la conquista de siete trincheras peruanas, compartiendo honores con otros jóvenes oficiales que luego servirían bajo sus órdenes (7).

Luego de la ocupación de la capital peruana, Carrera Pinto fue ascendido al rango de teniente. Poco más de un año después, fue promovido al rango de Capitán y jefe de la cuarta compañía del regimiento Chacabuco, que en aquellos momentos formaba parte de la división que ocupaba la sierra central del Perú. Ahí la fuerza de del Canto se encontraba diseminada en un radio de 300 kilómetros, entre las localidades andinas de Chicla, Marcavalle y Cerro de Pasco, esta última ciudad ubicada a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. La prospera ciudad de Huancayo, capital del departamento de Junín, ubicada a orillas del río Mantaro y situada a 3.340 metros de altitud fue elegida por del Canto como sede de su cuartel general, tanto por su céntrica ubicación como por su clima templado y saludable.

Fuera de Huancayo y separadas cada cual por una distancia de 20 ó 30 kilómetros, se encontraban distribuidas las pequeñas guarniciones militares, que tenían por misión batir a las huestes de Cáceres. En la situación en que se encontraban, los chilenos eran constantemente hostilizado por los guerrilleros y sus convoyes de pertrechos atacados y capturados. Además, un buen porcentaje de sus soldados habían caído víctimas de enfermedades como el tifus y yacían inermes en hospitales o improvisadas tiendas de campaña.

Continuar