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Desde su prisión en San Bernardo, Elmore escribió a su señora
madre la siguiente carta:
"Después
de dos días de cañoneo y sin esperanza de ver un soldado de
Leiva o Montero, con conocimiento de la animación que notaba
en la tropa chilena de arrasar todo, no tuve inconveniente en
aceptar la misión, bajo mi palabra de honor. Una explosión
de entusiasmo fue mi presencia en el pueblo, tanto mas cuanto
que durante el día se había hecho algunos tiros felices de
los fuertes sobre la escuadra y las baterías de la artillería
enemiga. Mi posición por lo mismo, fue muy difícil en el
consejo de guerra que se reunió; sin embargo fui franco y les
manifesté que si yo hubiera estado con ellos, hubiera
participado en primer termino de la obstinación que todos
manifestábamos; pero que conociendo, como conocía, al
enemigo, sabiendo que no había esperanza y habiendo apreciado
el mérito de su resistencia por dos días de cañoneo, no
vacilaba en pedirles que se fijasen mucho en el fin que se
perseguía, que no era otro que salvar el honor, ya satisfecho.
Les exprese el peligro en que se encontraban de irritar el espíritu
vandálico enemigo y la conveniencia de ahorrar centenares de
vidas; termine diciéndoles que solo les llamaba la atención
sobre esos puntos, absteniéndome de manifestarles mi opinión
por el carácter que en ese instante investía. Después de
una detenida discusión en que todos los jefes manifestaron
tanto brío como juicio, se acordó hacerme regresar".
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El coronel Justo Arias Araguéz ejerció el comando del fuerte
Ciudadela.
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Aproximadamente 2,400 hombres en conjunto.
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La leyenda romántica y patriotera presenta falsamente al
coronel Alfonso Ugarte Vernal arrojándose bandera en mano,
sobre un blanco caballo, desde la cima del morro hacia el mar.
Todo indica sin embargo, que el coronel Ugarte murió cerca a
Bolognesi, casi al final de la batalla, en la cima del morro,
cuando las fuerzas peruanas sobrevivientes fueron superadas
tras una violenta lucha sin cuartel que fue testigo de la
valentía y la determinación de éste extraordinario hombre.
En cuanto a la muerte del coronel Bolognesi, existen varias
versiones. En carta escrita en 1909 por un sobreviviente de la
batalla, Manuel Salazar, soldado de la sexta compañía del
batallón Artesanos de Tacna, éste señaló que se encontraba
en la cumbre del morro, muy cerca al jefe de la plaza y observó
como aquel disparaba contra un pelotón chileno, tal como lo
hacían él y el capitán de fragata More. Los dos altos
oficiales -afirma Salazar- cayeron heridos, pero Bolognesi
continuaba disparando y volviéndose a los pocos soldados con
vida dijo: "Miserables. No hay que rendirse. Viva el Perú".
El autor de la carta indicó que los peruanos se trabaron a
bayonetazos con los chilenos y que al caer vio al coronel
muerto y a los chilenos arrancándole las presillas del
uniforme, mientras un oficial daba la orden de detener el
fuego. De otro lado, rectificando una crónica del
corresponsal del diario chileno El Mercurio del mismo día de
la batalla, que indicaba que había dado muerte personalmente
al capitán de fragata Juan Guillemos More, el mayor Luis Solo
Saldívar, del regimiento Cuarto de Línea señaló que "cuando
yo entré en esa fortificación Bolognesi y More eran ya cadáveres,
y todos, oficiales y tropa de este regimiento que ahí se
batieron, están conformes en creer que ambos jefes cumplieron
ese día con su deber". Por su parte el corresponsal del
diario "El Ferrocarril" expreso en base a los
comentarios escuchados al termino de la batalla "Los
enemigos se han batido muy bien, como que sabían que la cosa
valía la pena, pues no se daba cuartel en el combate".
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La dotación de la lancha, al mando del teniente Dávila, fue
poco después apresada por los chilenos.
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La comunicación dirigida por el coronel Máximo Lira, Jefe de
Estado Mayor del coronel Lagos al almirante Patricio Lynch en
Iquique señaló: "En el Ciudadela la lucha fue terrible.
Creo que habrán escapado muy pocos de sus defensores, tantos
eran los muertos. Nuestros caballos entraban la una en los
charcos de sangre. Luego cayó el segundo fuerte, luego después
el morro, que estuvo haciendo fuego contra los anteriores
ocupados ya por nuestras tropas.”

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